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La situación a la que nos enfrentamos a nivel global ha cambiado la forma que muchos tienen de trabajar, por lo menos temporalmente. Así, millones de personas se han visto “obligadas a descubrir” las bondades del teletrabajo.

Podríamos decir que el apartado tecnológico está controlado… Pero el confinamiento ya es otra cosa. Porque las repercusiones no se circunscriben solo al uso de las herramientas informáticas, algunas de las cuales solo se empleaban ocasionalmente.

En Zertia la tecnología es nuestro “modus vivendi”, nuestra “raison d’être”, pero el cambio de paradigma social ha supuesto una auténtica revolución a nivel interno.

El aislamiento ha modificado nuestras prioridades. Requiere plantear nuevas fórmulas y técnicas que potencien en lo posible la productividad y ayuden a sortear con éxito la crisis del coronavirus. Y eso exige en muchos casos un alto nivel de adaptación y creatividad. No es fácil conciliar una jornada laboral con el entorno familiar, ahora fusionados física y emocionalmente por causas de fuerza mayor.

El teletrabajo adquiere una nueva dimensión en época de crisis

Y es que insistimos, el desafío no es tanto logístico o tecnológico sino emocional.

El factor humano tiene mucho más peso del que jamás habríamos sospechado. Y lo hemos comprobado de primera mano. Nuestros propios compañeros nos han hecho partícipes de su experiencia de teletrabajo durante los primeros 10 días de confinamiento. Tras escucharles estas son las conclusiones a las que llegamos:

  • Resulta especialmente difícil compatibilizar la rutina diaria de trabajo con la familiar, sobre todo cuando hay niños de los que ocuparse, entretener… Pero se entiende mayoritariamente como una experiencia nueva que se debería valorar, y que permite realizar actividades que refuerzan los vínculos familiares.
  • Nos hace poner en perspectiva y valorar pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas, como un paseo, un abrazo, etc.
  • Como ventaja las horas de atasco se reemplazan por un ratito más “en el sobre”, que ayuda a rendir también más.
  • Para muchos el tiempo pasa más rápido de lo que esperado (bueno), pero cunde menos (malo).
  • Los chats de WhatsApp y las redes sociales amenizan y distraen. Sin duda el humor impera como válvula de escape.
  • El sentimiento de comunidad se ve potenciado y se busca con ahínco el contacto humano (una tanda de aplausos entre vecinos es reconfortante), lo mismo que la solidaridad por los demás que se aprecia en la cercanía de la gente.
  • Se ha disparado el contacto “virtual”. Las videoconferencias están a la orden del día, desde el ordenador, tableta o smartphone, permitiendo retomar el contacto con amigos y familiares.
  • Se reciben muy bien iniciativas laborales que fomentan la desconexión del trabajo y el estrés. En Zertia organizamos descansos con vídeos, casi como si acudieras a la cafetería a charlar con tus colegas: el de la mañana se llama “¿Un pincho de tortilla?” y el de la tarde “Un chupito de hierbas”.
  • Incluso se está dando el caso de estar conociendo más y mejor a compañeros de trabajo con los que antes apenas se cruzaban unas palabras.
  • Como aspecto negativo destaca la incertidumbre, ya no del día a día y del confinamiento en sí, sino de las consecuencias de la pandemia COVID-19 en lo económico y social una vez se supere la crisis actual. El temido “día después”.

Sin duda la tecnología está siendo uno de los grandes baluartes para que la sociedad moderna pueda seguir rodando pese a la paralización de servicios e industrias producida por la pandemia. El individuo es el pilar sobre el que se sostiene todo y por ello hay que apostar por mejorar su experiencia, “humanizar” su labor. Solo entonces será posible sacarle el máximo partido a la tecnología, y más aún en tiempos tan inciertos como los que vivimos.